Arco y flechas

Energía almacenada liberada a distancia

Fecha
hace 62.000 años
Época
Prehistoria
Etapa
II Asentamiento
Dificultad

Lámina

Leyenda
  1. 1Pala superior
  2. 2Empuñadura
  3. 3Pala inferior
  4. 4Cuerda
  5. 5Sección de una pala: albura en la espalda, duramen en el vientre
  6. 6Punta de sílex atada con tendón
  7. 7Emplumado
  8. 8Culatín

Anatomía

Cargando la figura…

El arco acumula en sus palas dobladas el esfuerzo de los brazos del arquero y lo libera en una fracción de segundo, de modo que lanza la flecha mucho más rápido y más lejos de lo que podría arrojarla una mano. Unas pequeñas puntas de piedra halladas en Sudáfrica indican que ya se disparaban flechas hace unos 64 000 años, y el arco siguió siendo un arma de caza y de guerra hasta que lo desplazaron las armas de fuego.

Qué es

Un arco es una vara flexible, casi siempre de madera, con una cuerda atada entre sus dos extremos, y funciona como un muelle que se sostiene con la mano. Al tensar la cuerda, la vara se dobla; al soltarla, la vara se endereza y la cuerda lanza la flecha hacia delante. La flecha es un astil ligero y recto, con una punta afilada delante y plumas detrás que la hacen volar con la punta por delante.

El arco de la lámina es un arco simple, hecho de una sola pieza de madera, del tipo del arco largo inglés: una duela de tejo más o menos tan alta como el arquero, plana en la espalda y redondeada en el vientre, de modo que su sección recuerda una letra D. Muchos arcos combinan, en cambio, varios materiales. Los arcos compuestos de Asia se hacen de cuerno, madera y tendón pegados entre sí, y varios pueblos de Norteamérica pegaban una capa de tendón a lo largo de la espalda de un arco de madera.

Cómo funciona

Las dos caras de un arco doblado trabajan en sentido contrario. La espalda, la cara opuesta al arquero, se estira; el vientre, la cara que mira hacia él, se comprime. La madera resiste las dos cosas, así que el esfuerzo empleado en tensar el arco se acumula en las palas como energía elástica, igual que en un muelle al que se da cuerda. Un arco de caza suele pedir una tracción de unos 180 a 270 newtons (40 a 60 libras) en plena apertura, y los pesados arcos de guerra necesitaban mucho más.

El tejo se presta al arco simple porque su tronco contiene dos clases de madera. La albura clara, bajo la corteza, aguanta bien el estiramiento, y el duramen, más oscuro, aguanta bien el aplastamiento. Los artesanos dejan una capa de albura en la espalda y duramen en el vientre, como muestra la sección de la lámina. Con la mayoría de las demás maderas, el arco se talla solo en albura o solo en duramen, y su espalda sigue un mismo anillo de crecimiento de punta a punta.

Cuando el arquero suelta, las palas saltan hacia delante y la cuerda empuja la flecha. No toda la energía acumulada llega a ella, porque las palas y la cuerda también se mueven y se quedan con una parte. Unas palas ligeras que se doblan de manera uniforme desperdician menos que unas pesadas. Las flechas disparadas con arcos de madera suelen salir a entre 40 y 60 metros por segundo.

El empuje es tan brusco que la flecha se flexiona y vibra al salir, y se curva alrededor de la empuñadura del arco. Los arqueros lo llaman la paradoja del arquero. Para que la flecha vuele recta, su rigidez, llamada spine, tiene que corresponder a la potencia del arco, teniendo en cuenta la longitud de la flecha y el peso de su punta, que influyen en cuánto se flexiona. Las plumas frenan la flecha por detrás de su punto de equilibrio, de modo que cualquier bamboleo devuelve la punta a la línea de vuelo, como hacen las aletas de un dardo. Una punta más pesada adelanta el punto de equilibrio y estabiliza el vuelo, pero también hace que el astil se flexione más.

Cómo construirlo

Para un arco simple hacen falta un hacha de mano o una cuchilla de dos mangos, una escofina, una rasqueta, un cuchillo, una cuerda larga, una balanza de resorte y un tiller: un poste vertical con un apoyo para la empuñadura en lo alto y una serie de muescas a lo largo.

Elegir la duela. Busca un trozo de madera tenaz y elástica, de fibra recta, sin nudos ni revirados: tejo, naranjo de Luisiana, olmo, fresno, hickory o arce. Rájalo del tronco en lugar de serrarlo, para que la fibra recorra toda la pieza. Sella los extremos y déjalo secar despacio a cubierto durante varios meses, a ser posible un año.

Preparar la espalda. La espalda es la cara que quedaba bajo la corteza. En la mayoría de las maderas, quita la corteza y sigue un mismo anillo de crecimiento de punta a punta sin cortarlo: un anillo cortado es el sitio por donde se rompe un arco. En el tejo, conserva una capa fina de albura.

Desbastar la forma. Marca una línea central y dibuja el contorno: una empuñadura estrecha y gruesa en el centro y unas palas que se afinan hacia las puntas. Para un arco largo, la duela mide más o menos la estatura del arquero. Quita madera solo del vientre, hasta que cada pala ceda un poco al apoyar la punta en el suelo y empujar la empuñadura.

Un arco a medio hacer apoyado por la empuñadura en lo alto de un tiller vertical, con la cuerda bajada hasta una muesca En el tiller, el arco se tensa un poco más en cada paso, para que el artesano pueda comparar la curva de las dos palas.

Equilibrar el arco. Talla ranuras para la cuerda cerca de las puntas, coloca una cuerda larga y apoya el arco por la empuñadura en el tiller. Baja la cuerda de muesca en muesca, lee la tracción en la balanza y estudia la curva. No tires nunca con más fuerza que la potencia que buscas, o forzarás una duela que aún no está terminada. Las dos palas deben doblarse en arcos suaves y regulares, sin tramos rígidos ni puntos que se doblen de golpe. Deja subir la cuerda despacio y saca el arco del tiller antes de tocarlo con una herramienta: no raspes nunca una pala que esté en tensión. Luego raspa madera del vientre donde una pala esté demasiado rígida, unas pocas virutas cada vez, y flexiona el arco una docena de veces entre una pasada y otra. Detente un poco antes de llegar a tu apertura completa y a la potencia deseada. Es la fase más lenta. Un tramo corto que se dobla más que el resto, una bisagra, soporta demasiado esfuerzo, y es ahí donde un arco suele agrietarse.

Hacer la cuerda. Retuerce la cuerda con lino, cáñamo, tendón o hilo moderno de poliéster, con una gaza fija en un extremo y un nudo de leñador en el otro. Con el arco encordado, la cuerda debe quedar a más o menos un ancho de mano de la empuñadura. Vuelve a poner el arco encordado en el tiller, con su cuerda definitiva, y ténsalo por etapas hasta la apertura completa: las dos palas deben seguir doblándose por igual y la balanza debe marcar la potencia prevista. Quita las últimas virutas solo donde esta prueba revele un punto rígido, siempre con la cuerda destensada y el arco fuera del tiller.

La parte trasera de una flecha: plumas pegadas a lo largo del astil, la tercera oculta detrás, atadas con tendón por los dos extremos, y la muesca del culatín Tres plumas de la misma ala, pegadas y atadas por los dos extremos, mantienen la flecha en su trayectoria.

Hacer las flechas. Corta varas rectas de cornejo, viburno o avellano, o raja astiles de un tronco recto. Enderézalos con calor suave y ráspalos hasta dejarlos redondos. Clasifícalos por rigidez, córtalos todos a la misma longitud y ponles puntas del mismo peso, para que las flechas de un mismo arco vuelen igual. Haz cada flecha lo bastante larga para tu apertura completa, de modo que la punta siga por delante del arco cuando está tensado del todo. Talla en la parte trasera una muesca para la cuerda, el culatín. Delante, ata una punta de piedra, hueso o metal con tendón y un adhesivo como la brea de abedul, o pon una punta roma de madera para practicar. Pega tres plumas de la misma ala a lo largo del astil, cerca del culatín y a igual distancia unas de otras, y ata sus extremos.

Seguridad. Un arco es un arma, sea cual sea su potencia. No apuntes nunca a nadie y tira solo en un campo con parapeto y sin nadie detrás. No sueltes nunca una cuerda tensada sin flecha: la energía pasa al arco, que puede romperse y lanzar astillas. Ponte gafas de protección mientras equilibras y pruebas el arco, revisa antes de cada sesión que el arco, la cuerda y los astiles y culatines de todas las flechas no tengan grietas, y usa flechas lo bastante largas y rígidas para el arco. El polvo de tejo es tóxico y el de otras maderas puede dañar los pulmones y la piel, así que retira el polvo en el mismo punto donde se produce y ponte una mascarilla bien ajustada, con un filtro adecuado, cuando trabajes con la escofina o la lija, incluso al aire libre; ten cuidado con la fuente de calor al enderezar los astiles. La caza con arco está regulada o prohibida en muchos países.

Historia y evolución

Arcos y flechas se hacen de madera, tendón y plumas, que rara vez se conservan, así que los comienzos del tiro con arco hay que leerlos en las puntas de piedra. En la cueva de Sibudu, en KwaZulu-Natal (Sudáfrica), unas pequeñas puntas de piedra de unos 64 000 años muestran daños de impacto, rastros de sangre y hueso y restos de la cola de resina vegetal que las sujetaba a un astil, lo que hace pensar que armaban flechas. Algunos investigadores han propuesto puntas de flecha más antiguas, de unos 74 000 años, en Shinfa-Metema 1 (Etiopía), una interpretación que otros trabajos aún tienen que confirmar. En Europa, el indicio probable más antiguo procede de la Grotte Mandrin, en el sur de Francia: puntas de sílex de unos 54 000 años, dejadas por humanos modernos y demasiado pequeñas para haberse lanzado a mano.

Los astiles de flecha más antiguos que se conocen, de pino, proceden de Stellmoor, cerca de Hamburgo, y tienen unos 12 000 años. El arco completo más antiguo, de olmo, apareció en la turbera de Holmegaard, en Dinamarca, y data de hacia el 7000 a. C. Ötzi, el hombre que murió en los Alpes hace unos 5300 años, llevaba una duela de tejo sin terminar y un carcaj de piel de ciervo con 14 flechas; solo dos estaban acabadas, con punta de sílex y plumas fijadas con brea de abedul y fibra vegetal.

Un arco compuesto asiático sin cuerda, con las palas curvadas hacia delante, lejos del arquero, y puntas de hueso Sin cuerda, un arco compuesto se curva hacia delante, lejos del arquero; al encordarlo se dobla en sentido contrario y acumula energía antes incluso de tensarlo.

En las estepas de Asia y en Oriente Próximo, los artesanos desarrollaron el arco compuesto, formado por un alma fina de madera con cuerno en el vientre y tendón en la espalda, todo unido con cola. Es más corto que un arco simple de la misma potencia, lo que convenía a los arqueros que tiraban desde carros y a caballo, y armó a escitas, hunos, mongoles y turcos otomanos.

En Europa occidental, el arco largo de tejo sirvió a los ejércitos ingleses en Crécy en 1346 y en Agincourt en 1415. El Mary Rose, buque de guerra de Enrique VIII hundido en 1545, ha devuelto 172 arcos largos, cada uno tallado en una sola pieza de tejo y de hasta 2,11 m de largo. Las armas de fuego tardaban más en cargarse, pero un soldado aprendía a usarlas mucho antes de lo que se tardaba en formar a un arquero, y a lo largo de los siglos XVI y XVII las armas de fuego expulsaron el arco de los campos de batalla europeos. Siguió siendo un arma de caza en muchas partes del mundo, y el tiro con arco se convirtió en un deporte, que hoy se practica con arcos de fibra de vidrio y de carbono y con arcos de poleas.


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