Acueducto

Agua llevada solo por la gravedad

Fecha
h. 690 a. C.
Época
Antigüedad
Etapa
III Oficios y ciudades
Dificultad

Lámina

Leyenda
  1. 1Arquerías (pilas y arcos)
  2. 2Canal (specus)
  3. 3Revestimiento impermeable (opus signinum)
  4. 4Losas de cubierta

Anatomía

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Un acueducto lleva el agua de un manantial lejano hasta una ciudad por un canal que baja muy poco a poco en todo su recorrido, de modo que la gravedad basta para mantener el agua en movimiento. Los romanos construyeron cientos, en túnel, en zanja cubierta o sobre arquerías como el Pont du Gard, y algunos transportaban decenas de miles de metros cúbicos al día.

Qué es

Un acueducto es un curso de agua artificial que conduce el agua desde una fuente hasta el lugar donde se usa. Casi todo su trazado queda oculto: un canal de piedra o de hormigón, cubierto, que avanza por una zanja o un túnel a media ladera. Las altas arquerías que uno imagina primero son solo los puntos donde el canal tenía que cruzar un valle sin perder altura.

La lámina muestra uno de esos cruces, del tipo construido sobre el río Gardon, cerca de Nimes, en el siglo I d. C. El canal corre por lo alto del piso superior.

Cómo funciona

Donde el agua corre por un canal abierto, como ocurre en la mayor parte de un acueducto, el canal debe bajar sin interrupción desde el manantial hasta la ciudad, sin volver a subir y sin caer demasiado deprisa. Con poca pendiente, el agua se frena y deja su limo; con demasiada, desgasta el revestimiento. El acueducto de Nimes, de unos 50 km, pierde solo de 12 a 13 m entre la fuente y la ciudad (las mediciones varían un poco), unos 25 cm por kilómetro de media, y bastante menos en algunos tramos. Sobre el propio Pont du Gard la caída es de pocos centímetros.

El canal, llamado specus, solía tener la anchura de un hombre y algo más de altura, para que los operarios pudieran entrar a limpiarlo. El suelo y las paredes llevaban opus signinum, un mortero de cal con teja y cerámica machacadas que endurece y no deja pasar el agua. Unos rebordes redondeados al pie de los muros cerraban las esquinas, que es por donde empiezan las fugas. Losas de piedra o una bóveda tapaban el conjunto, impedían la entrada de suciedad y de sol y evitaban que el agua se calentara.

Trazar una pendiente así a lo largo de decenas de kilómetros era trabajo de agrimensores. Vitruvio, a finales del siglo I a. C., describe el corobate, una larga mesa de madera cuyas plomadas, o con viento una ranura llena de agua, indican si está nivelada. Con ella y con jalones de mira, un equipo llevaba una línea de nivel a través de todo el paisaje y marcaba la pendiente en estacas.

Tubos de plomo que bajan desde un depósito en una colina, cruzan el valle sobre un puente bajo y suben a un depósito algo más bajo al otro lado Un sifón invertido: el agua vuelve a subir por la otra ladera, pero nunca hasta su nivel de partida.

Los valles profundos también podían salvarse con un sifón invertido. El agua entraba en un depósito en la primera ladera, bajaba por tubos de plomo estancos, cruzaba el fondo del valle sobre un puente bajo y subía por la ladera opuesta hasta un segundo depósito situado un poco más abajo. Vitruvio ya describe este dispositivo y llama venter, el vientre, al largo tramo casi horizontal que cruza el fondo del valle. El sifón ahorraba mampostería, pero el plomo era caro y las juntas tenían que resistir mucha presión. Según la traducción habitual, su texto prevé también respiraderos para que escape el aire atrapado, aunque el sentido exacto del término que usa es discutido. Para las conducciones corrientes prefería el barro cocido, porque creía que el agua que pasaba por el plomo era perjudicial para la salud.

Un depósito redondo de piedra con un canal de entrada y una fila de tubos de plomo que salen de su pared El depósito de reparto circular de Nimes, del que salían diez tubos de plomo hacia los barrios.

En la ciudad, el agua llegaba a un depósito de reparto, el castellum. Vitruvio describe uno dividido en tres, con salidas separadas para las fuentes públicas, las termas y las casas particulares, dispuesto de forma que las fuentes fueran las últimas en quedarse sin agua. El que se conserva en Nimes es un depósito redondo de unos 5,5 m de diámetro, del que diez tubos de plomo salían hacia los barrios. El agua corría día y noche; la que no se usaba seguía su camino para limpiar las cloacas. Vitruvio añade que las cuotas que pagaban los particulares debían costear el mantenimiento del acueducto. Para Nimes, las estimaciones del caudal van de unos 20 000 a 40 000 m³ diarios, y el agua tardaba alrededor de un día en llegar desde el manantial.

Cómo construirlo

Los grandes acueductos romanos exigían dinero público, agrimensores expertos y cuadrillas numerosas. A escala de huerto, los mismos principios permiten llevar sin bomba el agua de un manantial o de un depósito de lluvia hasta una charca o un bancal.

Una larga mesa de nivelación sobre cuatro patas, con plomadas colgando ante unas marcas y una ranura con agua en la parte superior El corobate: una mesa de nivelación de unos 20 pies romanos, comprobada con plomadas o con agua en una ranura.

Tomar los niveles. Marque la fuente y el punto de llegada y mida la diferencia de altura. Un tubo de plástico transparente lleno de agua sirve de corobate moderno: el agua queda a la misma altura en los dos extremos. Clave estacas cada pocos metros a lo largo del trazado y anote la altura de cada una.

Elegir la pendiente. Un canal liso con agua limpia suele necesitar unos pocos milímetros de caída por metro; dimensiónelo para el caudal previsto y evite tramos empinados donde el agua correría demasiado. Reparta la caída tan por igual como permita el terreno y prefiera un rodeo siguiendo la curva de nivel antes que una loma donde el agua se detendría.

Excavar y colocar el canal. Abra la zanja hasta las profundidades marcadas, apisone el fondo y coloque el canal: medias cañas de barro cocido, una acequia de obra revestida con mortero de cal hidráulica o de cemento, que se deja fraguar antes de dar paso al agua, o un simple tubo. Compruebe la pendiente con el tubo de agua en cada unión. Si es de obra, selle las juntas y redondee las esquinas interiores.

Añadir un desarenador. Justo después de la fuente, construya un pequeño depósito donde el agua se frene y deje la arena antes de entrar en el canal. Ponga una rejilla contra las hojas y un aliviadero para que una crecida no rompa la obra.

Cubrirlo. Tape el canal con losas o tejas. El agua cubierta se mantiene más limpia y más fresca, y en ella crecen menos algas.

Seguridad. Las paredes de una zanja pueden derrumbarse, sobre todo en terreno suelto o húmedo: entíbelas o atalúcelas antes de trabajar en una zanja profunda, y no trabaje nunca solo dentro. No use tubos ni soldadura de plomo para agua que vayan a beber personas o animales, y considere la instalación como agua no potable: no la beba. El mortero de cal es cáustico: use guantes y gafas, y mascarilla antipolvo al mezclar la cal en seco. Cualquier depósito abierto supone un riesgo de ahogamiento para los niños pequeños: vállelo o cúbralo. Levantar arcos o muros por encima de la cabeza es trabajar en altura con piedras pesadas: use un andamio en condiciones y pida consejo a un albañil.

Historia y evolución

Las conducciones de agua son mucho más antiguas que Roma. El rey asirio Senaquerib mandó construir, aproximadamente entre 703 y 690 a. C., un canal que llevaba agua a Nínive; en Jerwan cruzaba un valle sobre un puente de caliza de más de 280 m, a menudo considerado el puente acueducto más antiguo conocido.

El primer acueducto de Roma, el Aqua Appia, se empezó en el 312 a. C. bajo el censor Apio Claudio el Ciego, que también trazó la Vía Apia. Medía unos 16,5 km y discurría casi por completo bajo tierra. Le siguieron el Anio Vetus en el 272 a. C., el Aqua Marcia en el 144 a. C., de más de 90 km, y el Aqua Claudia y el Anio Novus, terminados en el 52 d. C. A finales del siglo I, el emperador Nerva nombró a Frontino comisario de aguas; su tratado enumera nueve acueductos que servían a la ciudad, con sus longitudes y los fraudes que descubrió.

El Pont du Gard se construyó probablemente entre los años 40 y 60 d. C., aunque algunos estudios amplían el margen hasta el 80. Sus tres pisos tienen 6, 11 y 35 arcos; otros 12 del piso superior se han perdido. Los grandes sillares de caliza de sus arcos, algunos de hasta 6 toneladas, están colocados sin mortero. El acueducto de Nimes dejó de funcionar a medida que los depósitos y las raíces lo obstruían, probablemente hacia el siglo VI. El puente sobrevivió en parte porque se usaba para cruzar el río; en 1743-1747 Henri Pitot adosó un puente de carretera a su piso inferior, y es Patrimonio Mundial desde 1985.

Ciudades y monasterios medievales construyeron acueductos más modestos, y los sistemas modernos combinan canales y túneles por gravedad con tuberías a presión, bombas y depósitos. Una pendiente suave y constante sigue rigiendo hoy canales, alcantarillas y otras conducciones por las que el agua corre por gravedad.


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