Siega y trilla
Del trigo en pie al grano guardado
- 1Hoz
- 2Gavilla atada con un vencejo de paja
- 3Tresnal secándose en el campo
- 4Mayal
- 5Trillo, con la cara inferior empedrada de sílex
- 6Cesto de aventar
- 7Tinaja de reserva sobre piedras
La siega corta el cereal maduro, la trilla saca el grano de las espigas y el aventado deja que el viento se lleve la paja menuda antes de secar y guardar el grano. Hace unos 15 000 años, cazadores-recolectores del Levante ya segaban cereales silvestres con hoces de sílex, y estos trabajos a mano alimentaron a casi todo el mundo hasta las segadoras del siglo XIX.
Qué es
Antes de molerlo o sembrarlo, el trigo maduro hay que cortarlo, secarlo, separarlo de sus envolturas, limpiarlo y mantenerlo seco. Hasta el siglo XIX casi todo se hacía a mano, con una hoz, un mayal, un cesto y una era de tierra dura y limpia.
La lámina sigue al grano de izquierda a derecha. Las cañas se cortan con la hoz (1), se atan en gavillas (2) y se ponen en tresnales (3) para que se sequen. En la era, las espigas se golpean con el mayal (4) o se desmenuzan bajo un trillo erizado de sílex (5). El cesto de aventar (6) separa el grano de la paja menuda, y una tinaja cerrada (7) guarda la cosecha todo el año.
Cómo funciona
El trigo y la cebada silvestres sueltan el grano en cuanto maduran: la espiga se desarticula y lo esparce por el suelo, así que hay que segar justo antes. Los cereales domesticados retienen el grano y el agricultor puede esperar. El trigo está listo en el estado pastoso duro: la uña apenas marca el grano, que aún contiene un 30 a 35 % de agua, y el tallo bajo la espiga ya ha amarilleado.
Una vez cortadas, las cañas siguen secándose en el campo. De pie en el tresnal, con las espigas arriba, las gavillas escurren la lluvia y dejan pasar el aire. Al cabo de unos días, más si el tiempo es húmedo, la paja está seca y el grano duro.
La trilla funciona a golpes. Cada golpe rompe la espiga y saca los granos de sus envolturas. El trigo blando y el trigo duro dan así un grano desnudo. Los trigos vestidos, como la escaña menor, la escaña mayor o la espelta, solo se rompen en espiguillas, con el grano todavía encerrado en glumas duras, y necesitan un segundo majado.
El aventado se basa en el peso. Vertido con una brisa constante, el grano pesado cae casi en vertical, mientras que la paja menuda se aleja volando. Dos cribas completan la limpieza: una gruesa deja pasar el grano y retiene la paja y las espigas mal trilladas, y una fina retiene el grano y deja caer el polvo y las semillas pequeñas. Las piedrecitas del tamaño de un grano hay que quitarlas a mano. Secado al 14 % de humedad y guardado en lugar fresco, en una tinaja cerrada o en un arcón alzado del suelo, el trigo se conserva hasta nueve meses, y más tiempo al 13 %; la cebada necesita medio punto menos, y el grano que pasa un verano caluroso almacenado debe estar aún más seco. Más húmedo, el grano se calienta, enmohece o germina.
Cómo hacerlo
Hace falta una hoz, dos palos rectos y un poco de cuero para el mayal, un suelo duro o una lona grande, un cesto plano, una criba y recipientes que cierren bien.
Segar en el momento justo. Un día seco, en el estado pastoso duro, agarre un puñado de cañas, mantenga esa mano por encima de la hoja y tire de la hoz a través de los tallos, a un palmo del suelo, alejándola de las piernas. Deje cada puñado con las espigas hacia el mismo lado.
Atar y poner en tresnal. Retuerza unas cuantas cañas largas para hacer un vencejo, rodee con él un haz que quepa entre las dos manos y remeta las puntas. Ponga todas las espigas del mismo lado, o la trilla será mucho más larga. Apoye de ocho a diez gavillas unas contra otras en dos filas, espigas arriba, y déjelas hasta que un grano cruja entre los dientes en lugar de aplastarse.
Las dos lazadas giran libremente una dentro de otra; un golpe bien controlado hace caer el batidor plano.
Hacer un mayal. Tome una vara recta de fresno o avellano de unos 1,2 m para el mango y un palo más pesado de unos 70 cm para golpear, el batidor. Fije en el extremo de cada uno un capuchón de cuero con una lazada, o un arco de madera curvada, y enlace las dos lazadas para que el batidor gire libremente.
Trillar. Extienda las gavillas en una era barrida, de tierra apisonada, piedra o tablas, con las espigas hacia el centro. Lance el mango por encima del hombro para que el batidor caiga plano en toda su longitud. Dos personas golpean por turnos. Dé la vuelta a la capa, vuelva a golpear y luego sacuda y retire la paja.
Aventar y guardar. De espaldas a una brisa suave y constante, vierta despacio la mezcla trillada desde la altura del hombro sobre una lona. Repita dos o tres veces, cribe y luego extienda el grano sobre un paño claro para quitar las piedras. Para comprobar el secado, use un medidor de humedad de grano, o muela 100 g de grano, séquelos en capa fina en el horno a unos 115 °C y péselos cada media hora hasta que el peso deje de bajar: si al final quedan menos de 86 g, el grano tiene más del 14 % de agua. Extiéndalo entonces en capa fina al sol y recójalo antes de anochecer. Guárdelo en tinajas cerradas, alzadas del suelo, revise cada pocas semanas que no se caliente, no huela ni tenga insectos, y ponga trampas en vez de veneno.
Cuidar el filo. Afile a menudo una hoja de acero con una piedra mojada. Las hojas de guadaña finas, de tipo austriaco, están hechas para picarse: cuando la piedra ya no devuelve un filo fino, martille el filo en frío sobre un pequeño yunque para adelgazarlo y vuelva a pasar la piedra. Las hojas que el fabricante declara no aptas para picar se afilan con muela.
Seguridad. La hoz y la guadaña cortan hondo. Lleve y guarde las hojas tapadas, fuera del alcance de los niños, y no deje nunca una en el rastrojo. Mantenga la mano que sujeta las cañas por encima del corte y a las demás personas a dos largos de guadaña como mínimo; deje un círculo despejado alrededor de quien maneja el mayal. La trilla y el aventado levantan polvo y esporas de moho que dañan los pulmones y los ojos: trabaje al aire libre, con el viento a la espalda, use una mascarilla antipolvo y tire el grano enmohecido. Levante gavillas y sacos con las rodillas dobladas y la espalda recta, y prefiera sacos pequeños.
Historia y evolución
Una hoz compuesta: pequeñas hojas de sílex encajadas en un mango ranurado, pulidas por los tallos que cortaron.
Cortar tallos de cereal deja en el sílex un pulido brillante, que permite a los arqueólogos reconocer las hojas de hoz. Las más antiguas, cinco hojas halladas en Ohalo II junto al mar de Galilea, tienen unos 23 000 años. Hace unos 15 000 años, los natufienses del Levante usaban habitualmente hoces con hojas de sílex encajadas en mangos de hueso o madera. El desgaste de 158 de sus hojas muestra que empezaban a segar espigas a medio madurar y seguían durante semanas. En el Neolítico las hojas son más abundantes y están más pulidas: la siega se había vuelto una tarea anual en campos cultivados.
En el III milenio a. C., las aldeas del norte de Mesopotamia trillaban con tablas armadas con hojas de sílex fabricadas en talleres, y aprovechaban la paja picada para los adobes y el forraje. El agrónomo romano Varrón describe una tabla parecida tirada por bueyes, y en España todavía se fotografiaban trillos trabajando en 1977.
El armazón recoge las cañas cortadas y las deja en hilera, listas para atar.
Las hoces de hierro sustituyeron después a las de sílex. En Inglaterra la guadaña se impuso en la siega del cereal en el siglo XIX; con un armazón de dedos de madera, dejaba las cañas en hileras para atarlas. En Escocia, Patrick Bell construyó en 1827-1828 una segadora empujada por un caballo. En 1831 Cyrus McCormick presentó en Virginia una segadora tirada por un caballo: un molinete empujaba las cañas contra una cuchilla de vaivén y un operario las retiraba de la plataforma con un rastrillo. En 1834 Hiram Moore y John Hascall construyeron en Míchigan una máquina que segaba y trillaba de una pasada, patentada en 1836. Su descendiente, la cosechadora moderna, también limpia el grano antes de que salga del campo.