Escritura
El saber que sobrevive a la memoria
- 1Fichas de arcilla para contar
- 2Envoltorio de arcilla roto, con fichas dentro
- 3Tablilla arcaica: números, cebada y una jarra
- 4Cálamo de caña cortada
- 5Paleta de escriba con tinta negra y roja
- 6Rollo de papiro
La escritura fija la lengua con marcas visibles que otra persona puede leer más tarde, lejos o mucho después de la muerte de quien escribió. Surgió varias veces de forma independiente; entre sus testimonios más antiguos están unas tablillas del sur de Mesopotamia de hacia el 3300 a. C., en las que los contables de los templos imprimían y trazaban signos mientras la arcilla seguía húmeda.
Qué es
Cada forma de ficha designaba probablemente un tipo de mercancía. Selladas en un envoltorio de arcilla, las fichas podían dejar constancia de una deuda hasta que se pagaba.
La escritura es un conjunto de marcas visibles, acordadas dentro de una comunidad, que representan las palabras o los sonidos de una lengua. Un lector que nunca conoció al autor puede recuperar el mensaje, incluso siglos después.
Se llevaban cuentas mucho antes de escribir. En el Próximo Oriente aparecen hacia el 8000 a. C. pequeñas fichas de arcilla con forma de cono, esfera o disco. La arqueóloga Denise Schmandt-Besserat las interpreta como piezas para contar cantidades de grano, aceite o ganado; otros, como Lucy Bennison-Chapman, sostienen que muchas tenían otros usos. Hacia el 3500 a. C., los contables encerraban las fichas en bolas huecas de arcilla y estampaban sus formas por fuera. Así se registraban cantidades, pero no un nombre ni una frase.
Una escritura puede anotar palabras enteras, sílabas o sonidos sueltos, y muchas combinan estos principios.
Cómo funciona
Dos ideas convirtieron la cuenta en escritura. La primera dio signos distintos a la cantidad y a la mercancía. En las tablillas más antiguas de Uruk, los números se imprimen con el extremo redondo de un cálamo y los bienes se dibujan al lado con una punta: cinco marcas y una espiga de cebada para cinco medidas de cebada. El valor de un signo numérico dependía aún de lo que se contaba, con sistemas distintos para el grano, el ganado o la tierra.
La segunda fue el principio del rebus: usar un signo por cómo suena. En sumerio, «flecha» y «vida» sonaban igual, así que el signo de la flecha servía también para escribir «vida», una palabra difícil de dibujar. Los signos fonéticos aparecen en Mesopotamia hacia el 3000 a. C.
Según el ángulo, la esquina de una caña cortada deja cuñas verticales, horizontales u oblicuas.
Trazar curvas en arcilla húmeda la levanta en rebordes, de modo que los escribas pasaron a hundir la arista de una caña cortada. Cada presión dejaba una cuña, y a lo largo del III milenio a. C. los dibujos se convirtieron en grupos de cuñas; de ahí el nombre de cuneiforme, del latín cuneus.
Los escribas egipcios mordisqueaban la punta de un tallo de junco hasta abrirla en pincel y la frotaban sobre pastillas de tinta negra o roja encajadas en una paleta de madera. Escribían sobre papiro, tiras de médula de la planta colocadas en dos capas cruzadas, prensadas y secas. Más tarde, los alfabetos usaron signos para sonidos sueltos, de modo que unas pocas decenas bastan para escribir cualquier palabra.
Cómo construirlo
Hace falta arcilla fina, agua, una caña seca o una vara de jardín del grosor de un lápiz, un cuchillo y un paño húmedo.
Preparar la arcilla. La arcilla de alfarero sirve tal cual. La de una orilla de río debe ponerse en remojo, colarse por un paño para quitar la arena gruesa y dejarse endurecer hasta que conserve la huella del pulgar sin pegarse. Amásela bien para eliminar las burbujas de aire.
Dar forma a la tablilla. Aplaste una bola del tamaño de un huevo pequeño hasta formar un cojín de unos 2 cm de grosor, que quepa en una mano.
Cortar el cálamo. Sierre unos 15 cm de caña. Cerca de un extremo, rebaje los lados con el cuchillo hasta que la punta tenga sección cuadrada, con caras planas y aristas vivas, y córtela recta: una esquina hundida en la arcilla deja una cuña. Corte el otro extremo a través de un nudo, para que el tabique macizo cierre el tubo, y redondéelo; también sirve un palito de madera redondo. Hundido en vertical deja un círculo, e inclinado una muesca en forma de D, las dos formas de los primeros números.
Escribir. Divida la cara en casillas con el canto largo del cálamo y ponga una entrada en cada una. Imprima el número con el extremo redondo y levántelo sin arrastrar. Después dibuje el signo de lo contado con una esquina del extremo cuadrado, como los primeros escribas, o compóngalo con cuñas impresas, como sus sucesores.
Secar. Deje la tablilla varios días a la sombra y dele la vuelta una vez para que no se agriete. La arcilla seca se ablanda de nuevo con agua; cocerla en un horno, como la cerámica, la vuelve duradera.
Probar el alfabeto. Diga diez palabras en voz alta y anote los sonidos que oye, sin pensar en las letras con que se escriben. Dé a cada sonido un signo sencillo, con el viejo truco: dibuje algo cuyo nombre empiece por ese sonido. Si ninguna palabra empieza por un sonido, invéntele un signo. Añada un signo cada vez que una palabra traiga un sonido nuevo: la mayoría de los alfabetos tienen entre veinte y cuarenta y tantas letras.
Seguridad. Al recortar la caña, corte siempre en dirección contraria al cuerpo. No lije ni barra la arcilla seca: su polvo contiene sílice fina que daña los pulmones; limpie con un paño húmedo. Cueza las tablillas solo en un horno de cerámica y nunca una pieza aún húmeda, que puede estallar.
Historia y evolución
Las tablillas más antiguas proceden del nivel Uruk IV del barrio de los templos de Uruk, fechado en general hacia 3350–3200 a. C., y según algunos autores hacia 3200–3100. Se conocen más de 6000 tablillas y fragmentos protocuneiformes de Uruk y otros yacimientos, sobre todo cuentas. El cuneiforme duró más de tres mil años.
En China, el escriba frotaba una barra de tinta sobre una piedra mojada y escribía con un pincel de pelo terminado en punta.
En Egipto, unas etiquetas de hueso y marfil de la tumba U-j de Abidos, fechadas hacia el 3200 a. C., ya llevan jeroglíficos, algunos con valor fonético. Los especialistas aún discuten si Egipto tomó la idea de Mesopotamia. La escritura china aparece en los huesos oraculares Shang de Anyang hacia el 1200 a. C., ya madura. En Mesoamérica se escribía en Oaxaca hacia el 400 a. C., y los glifos mayas pintados de San Bartolo datan de 300–200 a. C. No se conoce ningún contacto entre estas regiones y el Próximo Oriente en esas fechas: son invenciones independientes.
El alfabeto nació de los jeroglíficos. Unas cuarenta inscripciones breves de las minas de turquesa de Serabit el-Jadim, en el Sinaí, y dos de Wadi el-Hol, en Egipto, emplean solo de 27 a 29 signos. Sus autores hablaban una lengua semítica y daban a cada imagen egipcia el primer sonido de su nombre en su propio idioma: la casa, beth, pasó a ser b; el agua, mem, pasó a ser m. Las fechas propuestas van del 1850 al 1550 a. C. aproximadamente. Hacia 1200–1050 a. C., los fenicios escribían 22 letras consonantes de derecha a izquierda. Los griegos las adoptaron hacia el 800 a. C. y añadieron vocales, y los etruscos transmitieron el alfabeto a Roma en el siglo VII a. C.
El papel, fabricado en China desde el siglo II a. C., se convirtió más tarde en el soporte habitual de la escritura y de los libros impresos.